El flamenco es, más allá que las conocidas sevillanas, una disciplina de baile que aporta muchos beneficios tanto a niños como a mayores: pasión, creatividad, concentración, trabajo en equipo, etc. Por este motivo, cuando mi hija se empeñó en que quería ir a flamenco, como sus amigas, la apunté sin dudarlo, pero nunca habíamos ido a ver un espectáculo de flamenco en familia. La Cenicienta, por el ballet flamenco de María Carrasco, ha sido una gran decisión. ¡Ni parpadearon durante toda la función!

Ole por esta Cenicienta tan flamenca

la cenicienta en versión flamenco

María Carrasco es una gran bailarina y “bailaora” que se atreve con todo. Su expresividad y su forma de moverse enganchan con este cuento clásico representado de una forma divertida y llena de color. Es un musical flamenco dirigido a niños, y no tan niños, en el que relata el cuento de La Cenicienta con gran delicadeza, humor y atreviéndose a mezclar el baile y cante flamenco con Gloria Gaynor o con la salsa.

Desde el comienzo, el espectáculo te cautiva con su puesta en escena. La hora que dura se te hace corta, y es que el ritmo es rápido no solo por los bailes sino también por el cambio de escenas y de estilo de música; de esta forma, los niños no pierden el interés y quieren que llegue el siguiente baile. Además, algunos personajes bajan del escenario a interactuar con el público, lo que consigue que los niños estén más atentos, y por supuesto, ser protagonistas de esta historia.

Por otro lado, el vestuario es llamativo y adaptado a las características del personaje. El hada madrina luce espectacular con lentejuelas y unos altos tacones al estilo de las mejores drug queens (este fue el que más le gustó a mi hija, incluso por encima del traje de la Cenicienta); la madrastra y sus hijas llevan trajes de flamenca exagerados, colores chillones y con boa de plumas adornando sus cuellos, llamando la atención y con poca empatía hacia los demás; y la gran protagonista, Cenicienta, aparece en el baile con un precioso vestido de cola con volantes, pero sin exageraciones.

Es una función con pocos diálogos, aunque no son necesarios puesto que está lleno de música y baile. El flamenco es un tipo de danza muy poco conocida por los niños, pero con esta función se consigue unir ambos mundos. A través del mundo de la imaginación, que nos ofrecen los cuentos y en el que los niños se encuentran habitualmente, se cuela este tipo de baile que consigue transmitir sensaciones con su movimiento, luces y expresividad.

La obra se representará durante este mes de noviembre en el Teatro Fígaro de Madrid. Por ahora en una única función el 14 de noviembre, pero nosotros esperamos que estén más días. Merece la pena ir a ver a María Carrasco representando a esta Cenicienta que taconea y baila al ritmo de la música.

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