Educar a tus hijos para que sean valientes y felices, pero sobre todo para que se conozcan y sepan gestionar sus emociones es la mejor estrategia para que sean capaces de enfrentarse a situaciones de estrés y ansiedad que, nos guste o no, van a tener que vivir. Y es que en lugar de intentar evitarles esos momentos, los padres debemos enseñarles a manejarlas y aportarles las herramientas para ello. A través del libro ‘El fin de la ansiedad en niños y adolescentes‘, de Gio Zararri, creo que en casa papá y mamá lo vamos a conseguir.

Enseñanzas que puedes extraer de ‘El fin de la ansiedad en niños y adolescentes’

«He creado este libro a partir de la experiencia y la investigación. Aquí encontrarás información relevante sobre el funcionamiento del cerebro, los miedos, el estrés y la ansiedad en niños y adolescentes. También hallarás ejercicios y herramientas que pueden ayudar a tu hijo a superar estos problemas». Esta es la declaración de intenciones del autor de ‘El fin de ansiedad’, un libro con el que tengo que reconocer que he aprendido a acercarme a mis hijas para que seamos un equipo más fuerte y ‘poderoso’ y crezcamos felices.

Y es que a lo largo de sus páginas, Gio Zararri nos aporta, por una parte, información muy valiosa sobre cómo es la evolución y el crecimiento interior de los niños, pero también nos regala consejos que nos permitirá acompañarles para que el día de mañana sepan plantarle cara a algunos problemas emocionales del siglo XXI como son la ansiedad o el estrés.

Algunos de ellos los he puesto en práctica con mi hija mayor en plena época de exámenes, cuando los nervios de que la mente se quede en blanco y de suspender se han podido apoderar de ella por segundos o minutos. Mi estrategia, siguiendo las pautas de Gio Zararri, ha sido repartir por la casa frases inspiradoras y que transmitan buen rollo como ‘Hoy va ser un día genial’ o ‘He pasado más veces por esto’.

Otra cosa que le he propuesto es que cree ella misma sus propias afirmaciones que la impulsen y la empoderen de cara a los controles, pero a su vez frente a situaciones complicadas fuera del entorno escolar. Para ello, y siguiendo lo que he leído en ‘El fin de la ansiedad en niños y adolescentes’ le he dicho que lo tiene que hacer bajo estas tres reglas: que no contengan negaciones, que sean en presente y que estén en primera persona.

También la he animado a realizar ejercicio juntas porque los beneficios para ella (pero también para mí) son infinitivos: nos ayuda a controlar la mente y los pensamientos, a equilibrar y gestionar mejor las emociones y a dormir mejor, lo que hace que la circulación mejore y el descanso sea más reparador.

Y, por último, estamos llevando cabo unas actividades para aprender a estar en el momento presente e incorporar técnicas de respiración que nos faciliten la relajación cuando notemos que estamos a punto de ‘perder el control’.

Son muchas cosas, pero estoy convencida de que poco a poco las iremos sumando y añadiendo en nuestro día a día, y en futuro no sé si muy próximo o lejano las podrá en práctica para que esa sensación tan desagradable como es la ansiedad no consiga anularla y mucho menos la bloquee y la impida seguir caminar en su proyecto de vida.

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