¡Es la segunda vez que visitamos San Lorenzo del Escorial en familia (la primera fue para montar un picnic en el Bosque de la Herrería) y estoy convencida de que no será la última! ¡Este rincón de la sierra madrileña tiene mucho encanto y muchos paseos por descubrir! Pero vamos a centrarnos en la senda de los tesoros de Abantos, una ruta circular, de dificultad media por sus subidas y bajadas y el estado del recorrido, y con vistas maravillosas al monasterio. ¿Se puede pedir más?

Buscando el tesoro del monte Abantos

tesoro de monte de abantos

Primer consejo que te doy antes de iniciar la senda de los tesoros de Abantos, ¡escribe bien en el GPS el punto de partida para que no te pase lo que a nosotros! La ruta comienza en el parking Euroforum Felipe II (si llegas pronto no tendrás problema para dejar el coche), pero resulta que en San Lorenzo del Escorial hay varios Euroforum y eso puede hacer que te demores en comenzar tu excursión del día y te dirijas al que no debes.

Una vez tengas el lugar bien ubicado, ¡solo céntrate en disfrutar de esta propuesta al aire libre que está perfectamente señalizada con balizas! Y empieza con fuerza la senda porque los primeros metros son cuesta arriba hasta que asciendes a la fuente de la Bola.

tesores monte de abantos

Pero enseguida dejamos el asfalto para meternos de lleno en un pinar. A la derecha verás una indicación que te lleva al Centro de Interpretación del Arboreto, al que llegaremos andando cuando llevemos la mitad de la ruta hecha.

Tú debes seguir de frente, bordeando la presa del Romeral. Eso sí, no vayas muy deprisa o te pasarás un lugar magnífico. Un mini mirador a tu izquierda con una panorámica impresionante que transmite tanta paz y tranquilidad que dan ganas de quedarse ahí todo el día.

camino senda de los tesoros de abantos

Esta primera parte resulta ideal para los niños aventureros (no aconsejable si vas con carrito) porque discurre entre árboles en los que pueden esconderse para que juegues con ellos a encontrarlos, está resguardada de los rayos del sol (acuérdate siempre de llevar agua de sobra y de ponerte crema protectora aunque sea invierno) y porque deberán cruzar un mini arroyuelo. ¿Se puede pedir más?

[Leer más. Ruta en Torrelodones con niños. Arroyo de Trofas y Embalse de Peñascales]

paisaje senda de los tesoros de abantos

En mitad del recorrido te toparás con varias fuentes para seguir avanzando por un camino de losas de granito perfectamente colocadas que te sirven de guía (llámame loca, pero me recordaron un poco a la película de El Mago de Oz). A partir de este momento, ¡comienza lo duro del día!

los tesoros de los montes de abantos

Comenzamos a subir, subir y subir (por cierto, hasta ahora no nos hemos cruzado con ningún grupo de senderistas, ¡todo un lujo en los tiempos que corren!)…. Para que te hagas una idea, según los nuevos relojes digitales que te lo chivan todo, ¡es como si ahora mismo hubiésemos ascendido hasta la decimocuarto altura de un piso! Estamos casi sin aire, pero muy orgullosos de los niños, ¡son todo unos campeones!

tesoros de los montes de abantos senda

Aquí la vegetación es totalmente distinta. ¡Estamos tan arriba que todos los árboles están a nuestros pies! Un consejo cuando llegues a este punto donde parece que tocas el cielo: te cruzarás con la Cañada Real Leonesa y echarás en falta una baliza que te indique qué hacer: tuerce a la derecha hasta que veas una pista asfaltada que te conduzca hasta Arboreto Luis Ceballos.

picnic en los tesoros de abantos

Si vais con tiempo (antes llamar para pedir permiso para entrar), podéis hacer una visita a este centro de educación medioambiental, aunque te aviso que tiene tanto que ver que casi es mejor programarlo para otro día con más tiempo y más frescos. ¡Eso fue lo que hicimos nosotros!

Tras 2,5 kilómetros y medio, ¿a quién no le apetece una paradita? 500 metros más adelante, a tu izquierda, verás una pradera perfecta para descalzarte, tirar la manta y saborear la clásica tortilla de patata con pimientos. ¿No te pasa que en el campo te sabe mejor?

cabaña senda de monte abantos

Tras un merecido descanso, toca iniciar el regreso, pero sin prisas, dejando que los niños corran, salten y brinquen y descubriendo sitios secretos (o no tan secretos) como esta cueva hecha con piedras y ramas de árboles en la que no dudamos en detenernos e imaginarnos cómo sería pasar una noche aquí. ¡Seguramente único y especial!

vistas el escorial

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